top of page

Perimenopausia, maternidad y cuidado: cuando todo se mueve a la vez

  • Writer: Gema Benito González
    Gema Benito González
  • Jan 24
  • 3 min read

Updated: Jan 26

Hay momentos vitales en los que parece que todo se descoloca al mismo tiempo. El cuerpo cambia, las emociones se intensifican, las preguntas aparecen con más fuerza… y, a menudo, esto sucede mientras seguimos cuidando de otras personas.

Para muchas mujeres, la perimenopausia coincide con una etapa de crianza activa, con hijos e hijas que aún necesitan presencia, sostén y energía. A veces también con el cuidado de padres que envejecen, con cambios laborales o con una revisión profunda del propio proyecto vital. No es extraño sentirse desbordada. Tampoco es un fallo personal: es una etapa compleja que merece ser mirada con atención.


Cuando el cuerpo empieza a hablar más alto


La perimenopausia no es sólo una transición hormonal. Es una experiencia integral que atraviesa el cuerpo, la mente y la identidad. Aparecen alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, mayor sensibilidad emocional, cansancio o irritabilidad. Y muchas mujeres se preguntan:

“¿Qué me está pasando?”


En una sociedad que todavía habla poco de esta etapa, es frecuente vivirla en silencio o con culpa, como si hubiera que seguir rindiendo igual que siempre. Sin embargo, el cuerpo no se equivoca: está pidiendo atención, ajustes, escucha.


¿Es normal sentirse desbordada en la perimenopausia?


Sí, es completamente normal. Muchas mujeres llegan a consulta en esta etapa con una sensación difusa de saturación: cansancio emocional, irritabilidad, dificultad para concentrarse o la impresión de que “ya no pueden con todo” como antes. Y a menudo lo viven en silencio, preguntándose si les pasa algo raro o si están exagerando.


La perimenopausia coincide frecuentemente con un momento de cambio en tu ciclo vital: cuidado de familiares, responsabilidades laborales, replanteamientos personales o con tu pareja… El cuerpo y la mente empiezan a pedir otro ritmo, pero el entorno sigue demandando lo mismo de siempre.


Sentirse desbordada no es una señal de debilidad, sino una información valiosa. Habla de que algo necesita ser escuchado y reajustado. Dar espacio a lo que está ocurriendo —poner palabras, compartirlo, pedir acompañamiento si es necesario— puede marcar una gran diferencia en cómo se transita esta etapa.


Maternar mientras una misma se transforma


Criar en medio de este proceso puede resultar especialmente exigente. La maternidad ya implica un gran movimiento interno, y cuando coincide con la perimenopausia, muchas mujeres sienten que pierden referencias conocidas.


Aparecen dudas sobre los propios límites, sobre la paciencia disponible, sobre el deseo de espacio propio. Y junto a ello, una pregunta que suele costar pronunciar:

¿Quién cuida de mí mientras yo cuido?

Nombrar esta pregunta no es egoísmo. Es una necesidad legítima.


El cuidado como algo que también nos incluye


En consulta escucho a menudo relatos de mujeres que han sostenido durante años a otras personas, y que ahora sienten que necesitan ser sostenidas. La perimenopausia puede convertirse, aunque no siempre de forma amable, en una invitación a revisar el reparto de cuidados, los ritmos y las expectativas.


No se trata de hacerlo todo perfecto, sino de permitirnos transitar esta etapa con mayor amabilidad hacia nosotras mismas.


Un espacio para parar, comprender y recolocarse


La terapia puede ofrecer un lugar seguro donde poner palabras a todo lo que se mueve:

- Comprender los cambios emocionales sin patologizarlos.

- Trabajar la culpa asociada al autocuidado.

- Revisar vínculos y límites.

- Y acompañar el duelo por lo que ya no es, abriendo espacio a lo que puede venir.


Muchas mujeres descubren en este proceso nuevas formas de habitar su cuerpo, su maternidad y sus relaciones, desde un lugar más consciente y conectado.


Cuando compartir alivia


Algo que se repite en estos procesos es el alivio que aparece al descubrir que no están solas. Que otras mujeres viven algo similar. Que lo que parecía un problema individual es, en realidad, una experiencia compartida.


Por eso, además del trabajo individual, cobra sentido pensar la salud mental como algo que también se teje en comunidad: en espacios donde sentirse comprendida, sin juicios, en tránsito.


Cerrar para abrir


La perimenopausia no es solo un final. También puede ser un umbral. Una etapa que, acompañada con cuidado psicológico, permite recolocar prioridades, revisar la forma en que cuidamos y nos dejamos cuidar, y abrir un nuevo diálogo con nosotras mismas.

Porque cuando todo se mueve a la vez, no siempre necesitamos respuestas rápidas. A veces, lo que más ayuda es un espacio donde poder parar, respirar y escucharnos.

Comments

Rated 0 out of 5 stars.
No ratings yet

Add a rating

Si te ha resultado útil, compártelo en tus redes

bottom of page